Pekín, 5 ago (EFE). Tras el supuesto atentado terrorista registrado ayer en la provincia de Kashgar, en el extremo occidental de China, la policía y los paramilitares se ensañaron a fondo con los periodistas extranjeros que intentaron cubrir la noticia.
La prohibición les llevó incluso a agredir físicamente a parte de la prensa japonesa y a un fotógrafo de la Agencia France Presse (AFP).Desde entonces son varios los periodistas que denuncian la censura y hostigamiento que están sufriendo para poder dar cobertura a la noticia.
En el atentado murieron 16 policías, según la agencia oficial Xinhua.
Al parecer fueron dos atacantes de nacionalidad uigur armados con cuchillos y artefactos caseros, los que asaltaron a los policías que realizaban sus ejercicios físicos matinales, además de matar a 16 guardias, otros 16 resultaron heridos, hasta que lograron reducir a los asaltantes con vida.
China, con motivo de las inminentes Olimpiadas permanece más alerta que nunca respecto a su seguridad, llegando a exagerar amenazas terroristas para poder justificar la dureza de su actuación contra los medios y la represión que practica.
Ni los Juegos Olímpicos, lejos del sentido con el que fueron concebidos consiguen suavizar al gigante asiático.
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